Día 4: Cuando fluir es la norma

Para empezar este cuarto día de clase, nuestro calentamiento comenzó con desplazamientos por el tapiz de cualquier forma que se nos ocurriese. Podíamos andar, correr, saltar o incluso desplazarnos por el suelo.

Después de haber estado la mayor parte del tiempo moviéndonos por el suelo, pasamos al siguiente ejercicio. Nos organizamos en grupos de tres personas y una de ellas debía ejecutar un movimiento siguiendo cuatro tiempos musicales, mientras que las otras dos debían replicarlo con mayor fuerza y expresividad, aunque sin modificar el ritmo. Aquí todo comenzamos caminando o deslizándonos suavemente, pero acabamos tumbados por el suelo y sentados, dándole al ejercicio un enfoque más libre.

En el siguiente ejercicio, al menos uno del grupo tenía que terminar en el suelo. La norma principal era dejarse llevar y fluir. El primer miembro del grupo debía realizar una secuencia improvisada con la música y terminar cerca del suelo. El siguiente miembro debía moverse de forma libre y terminar de pie en una postura estática. Y el tercero tenía que conectar los dos movimientos anteriores con fluidez durante su intervención o en el momento final.

La profesora nos dio unas indicaciones básicas al comienzo del ejercicio, pero al final, cada uno fue interpretándolo a su manera, improvisando bailes y construyendo figuras humanas con la intervención de cada uno de los miembros del grupo. Después de eso, llevamos a cabo una actividad donde teníamos que simular un deporte en parejas con música de fondo y a cámara lenta. Esto lo fuimos transformando progresivamente en movimientos y gestos más estilizados y rítmicos. Para terminar la sesión, debíamos organizar y diseñar una coreografía basada en percusión corporal. 




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