Día 1: Toma de contacto

Bienvenidos y bienvenidas a mi primer día. Al comenzar la sesión, nos organizamos en grupos de seis o siete personas, con una pelota para cada grupo. El primer ejercicio consistía en decir nuestro nombre y hacer un gesto característico cuando tuviéramos la pelota en las manos. Una vez hecho esto, la lanzábamos a otra persona, que debía hacer lo mismo, mientras todos tratábamos de memorizar los gestos del resto del grupo. En la siguiente ronda, la dinámica fue similar: al recibir la pelota, repetíamos nuestro nombre pero esta vez añadiendo algo que nos gustara. A medida que avanzábamos, se introdujeron variantes de presentación. Por ejemplo, en una de ellas, al recibir la pelota, teníamos que decir nuestro nombre y reproducir los gestos de los compañeros que teníamos a ambos lados antes de pasarla. Para cerrar esta parte, imitábamos el gesto de algún compañero, y los demás tenían que adivinar de quién se trataba. Quien lo acertara primero se quedaba con la pelota y pasaba a imitar a otro.

El segundo ejercicio se centraba más en trabajar el ritmo y la conexión con la música. Nos dividimos en parejas: una persona formaba parte de un círculo interior y la otra de un círculo exterior. Ambos círculos giraban en sentidos opuestos, tratando de moverse al compás de la música. Cada vez que la música paraba, debíamos saludar a la persona frente a nosotros con el tipo de saludo que se nos indicara. Algunos ejemplos: saludos formales, antiguos, delicados o el más efusivo que se nos ocurriera. 

Después de eso, los círculos desaparecieron pero seguimos manteniendo el ritmo con los pasos. Teníamos que caminar de forma libre por la sala, y cada ocho tiempos cambiar de dirección, siempre en línea recta. Durante esta dinámica, se nos pedía representar diferentes emociones o situaciones: primero, caminar mirando al suelo y evitando cualquier contacto visual; luego, miradas de enfado o relajadas y amigables. En la última variante, debíamos fijaros un objetivo entre los compañeros, mirarlo con la intención de que nos devolviera la mirada, mientras esa persona debía evitarla. En este ejercicio, todos nos pusimos de acuerdo para mirar a Santi y terminamos rodeándolo en grupo.

Las risas se acabaron (o no del todo) cuando debíamos preparar en ese momento una coreografía para presentarla. Sin perder tiempo, formamos grupos de seis o siete personas y nos pusimos manos a la obra. En mi grupo decidimos basarnos en los típicos bailes del cole que hacíamos al final de cada curso. Todo empezó con una pose de rodilla en el suelo y fuimos introduciendo pasos de lo más originales y peculiares. Para ser totalmente improvisado no nos quedó mal y lo disfrutamos mucho, fue muy divertido.




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